¿Y si escucháramos al cerro Carbunco? ¿Qué nos diría del mayor Luis Largo?

Pronunciamiento en rechazo al genocidio indígenas y en solidaridad con el movimiento indígena
1 Noviembre, 2019

¿Y si escucháramos al cerro Carbunco? ¿Qué nos diría del mayor Luis Largo?

 

Recordando al Mayor Luis Largo

Un legado que trasciende el Resguardo Indígena Colonial Cañamomo Lomaprieta

 

Nativo de esta región,

Indio para el mundo soy…

Con el sonido del cuerno, el cacique reunía…

Hay que hacerle un homenaje al indio Luis Ángel Días,

Al golpe de los tambores, una danza se bailó,

En una olla de barro la chicha se fermentó…

-Himno del Resguardo

Indígena Colonial Cañamomo Lomaprieta

 Esa noche del 13 de noviembre del 2019, en los caminos, los árboles, las orquídeas, los animales y en las rocas del cerro Carbunco brillaban como luciérnagas las historias del Mayor Luis Estanislao Largo. Desde chiquito, el cerro acogía calurosamente a ese mayor para contarle sus historias, sus encantos, secretos y los pasos de todos los indios que habían conversado, sembrado, luchado, llorado y reído en sus peñas. Él era uno de aquellos que había aprendido a escuchar y a sentir la sabiduría e historias de ese cerro vivo. Así, con sus historias brillaban y volaban también sus sueños y sus luchas por proteger ese sitio sagrado con todas las palabras, reflexiones y aprendizajes de un pueblo luchador guardados con recelo en cada rincón para seguir construyendo su historia.

El cerro Carbunco estaba ahí, fuerte y seguro, en la oscuridad acompañándonos mientras esperábamos el cuerpo del Mayor Luis Largo. En su casa, con su familia y sus amigos se cocinaba para compartir, se recogían flores de todos los colores para darle vida a su altar, se organizaba la casa y se compartía la palabra recordando lo que nos había enseñado con tanta sabiduría. Como al indio Luis Ángel Días y a varios luchadores y luchadoras, queríamos hacerle un homenaje a un mayor integro, coherente y ético que luchó desde las recuperaciones de tierra por su comunidad, que le enseño a muchas personas la labor de trabajar con las manos para crear mochilas de cabuya y a construir hogares manejando el arte de la construcción, que supo, custodiando las semillas, que supo crear vida y compartir lo que sabía de medicina tradicional para sanarnos, y que nos enseño, con su ejemplo y en cada acción que hacía, el valor del compartir la palabra con personas de muchos territorios para seguir soñando y haciendo posible ese sueño.

En esa noche húmeda y fría, el tiempo parecía haberse detenido, y justo cuando iba más lento, el Mayor Alirio Hernández, se detuvo en silencio delante del cerro. Varios, en la parte de atrás de la casa, fijamos nuestras miradas y esperanzas en la imponencia y dignidad del cerro. Sus palabras se estancaron en su garganta, sus ojos buscaron firmemente ese cerro. Cuando logró respirar, y tomar fortaleza de ese dolor tan profundo, su ser entristecido, pero con fuerza nos contó: “La pérdida que hemos tenido con la muerte de Don Luis…solo se podrá retomar con las próximas generaciones. Me recuerdo cuando estuvimos en las tomas de 1971. Y de lo que más recuerdo, fueron las enseñanzas de ese Mayor con la ética, la sinceridad y la coherencia. Son muchos recuerdos, y mayores como él capaces de construir pensamientos desde lo que viven, de compartir sus enseñanzas ya son cada vez más pocos porque nos alejamos de los caminos, del trabajo de la tierra y de nuestra historia. Ya no sabemos construir conocimiento de lo que vivimos. El mayor era un pensador e historiador de este territorio”

En esa toma de tierras, el Mayor Luis estuvo organizando a las familias. Cuando contaba la historia, nos preguntaba: “¿sabe qué es trabajar para entregar la tercera parte y dos días de trabajo al patrón? ¿Entiende porque es esclavitud? ¿Se imagina que era no tener su propia tierra para sembrar la comida para la familia?”  El Mayor nos relataba con tanta fluidez y una sonrisa todo el proceso que hicieron para darse cuenta de que, esas tierras, donde otros eran los dueños y los que mandaban, eran anteriormente de ellos. Por eso, él con dedicación y decisión, empezó a organizar a las familias para recuperar sus tierras, para liberar a la madre tierra. Una noche, antes de que 14 familias recuperarán sus tierras, él se fue solo, con miedo a que nadie llegará, a cuidar el sitio de la toma. Se sentó, y en medio de su territorio, sentía la fuerza de sus ancestros, de sus cerros y de su historia, pero también el miedo a no poder recuperar esas tierras y a seguir siendo esclavos de la gente rica. En ese momento, vio un tabaco caminando entre el monte, su luz naranja ilumina el camino, y atrás poco a poco aparecían más y más tabacos encendidos que se iban acercando para empezar unidos a asentarse, a sembrar, a compartir en su territorio.

El mayor no se cansaba de compartir historias como ésta pese a su estado de salud. Disfrutaba contar, y sus palabras nos iban llevando a esos momentos con detalles y enseñanzas. A muchas personas de muchos lugares nacionales e internacionales nos compartía su historia, pero también, con mucha fuerza nos ponía a pensar sobre la importancia de escuchar, de aprender y de transmitir:

“Bueno, a ver, podemos hablar de todo, pero usted necesita escucharme bien, e ir viendo qué le interesa más, y qué va a hacer, porque a mí me interesa que usted no solo escuche, sino que haga y comparta. O si no el conocimiento se muere. Yo les puedo hablar de muchas cosas, pero cada uno aprende mejor desde sus preguntas y experiencias. Además, si vienen a la carrera así no se aprende. Tienen que escuchar toda la idea, o si no mejor no empecemos. Así que no venga aquí solo a escuchar cualquier cosa, usted también me viene a aportar. No es porque esté viejo que ya no quiero escuchar y aprender.”

El cerro Carbunco, en sus caminos, en sus plantas, árboles y cultivos guarda la historia y la sabiduría del Mayor Luis, y de muchos mayores, hombres y mujeres, que han sabido escucharlos, que han sabido dejarles sus tristezas, pero también las esperanzas que tienen que este territorio siga vivo contando la historia de sus ancestros y luchando, con muchos pueblos de Colombia y del mundo, para seguir forjando una sociedad que nos deje tejer solidaridad, que nos deje aprender y tenerle amor al conocimiento para transformar. La gran parte de su vida el Mayor Luis salía de su casa sea a sembrar, a compartir con su familia, a hacer mochilas de cabuya, trabajo en madera, y el cerro Carbunco lo acompañaba y nos sigue acompañando imponente, digno y protector. El cerro Carbunco lo vio crecer y guarda en sus rocas, en sus caminos, esa fuerza de un mayor que nos enseño a muchos la nobleza y el amor por el conocimiento. Por eso: ¿Y si escucháramos al cerro Carbunco? ¿Qué nos diría del mayor Luis Largo?:

La despedida que le estamos haciendo al Mayor Luis Estanislao Largo en medio de flores, oraciones, compartir de comida, reencontrando la palabra, es prueba de que lo que nos deja el Mayor nos convoca y nos une. Ahora su familia con todas sus fortalezas, sus hijos lideres, mando de la guardia, sus nietos músicos, artesanos, sembradores, sus hijas lideresas, y sabías, y nosotros, sus amigos del Resguardo y de muchas partes del mundo, seguiremos compartiendo las historias y enseñanzas del Mayor Luis Estanislao Largo.

Su legado profundo, ético, coherente y lleno de compromiso es un legado para el Resguardo Indígena Colonial Cañamomo Lomaprieta, para los pueblos indígenas de Caldas y de Colombia, y para las personas de muchos lugares que tuvimos la oportunidad de compartir con el Mayor y con su familia. Las palabras del Mayor Luis Estanislao Largo vienen de la tierra y se han arraigado en muchos corazones; han tomado raíces en muchos de nosotros al escuchar, sentir la profundidad y coherencia de sus palabras. Sus palabras quedan palpitando en nuestras venas, porque tienen eco, porque son reales, porque se construyeron desde la experiencia de un pueblo que ha luchado.

Estas historias se seguirán escribiendo…

Escrito realizado por muchas personas que creemos y seguiremos el legado del Mayor Luis y acompañando y aprendiendo de su familia.